“EL IR CONTRA LA EVOLUCIÓN DE LAS COSAS
ES IR CONTRA TÍ MISMO”.

“El Todo está en todo
y todas las cosas están en el Todo”.

“Si te empeñas y ayudas a las cosas a evolucionar
-cada cual según su patrón-
estarás evolucionando tú mismo.”




martes, 23 de marzo de 2010

PRINCIPIO DE EVOLUCIÓN. ELIASHAR.


PRIMER PRINCIPIO

EVOLUCIÓN:
“EL IR CONTRA LA EVOLUCIÓN DE LAS COSAS
ES IR CONTRA UNO MISMO”




Buenos días, buenos días, compañero de vida, compañero de sendero...."
EL PRINCIPIO DE EVOLUCIÓN es "... uno de los Principios más importantes que rigen el comportamiento humano. Con la ayuda de este Principio habrá Luz en tu sendero. Así que estate atento, y reflexiona cada palabra, cada frase de este mensaje. Escúchalo, medítalo, reflexiónalo una y otra vez, hasta que su contenido se convierta en parte de ti mismo, y se convierta en tu manera habitual de encarar la vida; que te sea hasta instintivo, automático.
EL IR CONTRA LA EVOLUCIÓN DE LAS COSAS ES IR CONTRA TÍ MISMO”.
Si vas contra la evolución de las personas, cosas, situaciones, eventos que hay en el mundo, estarás yendo contra tí mismo.
Ese Principio está basado en una Ley Cósmica, la Ley más importante que rige el Universo. Es la Ley que dice que el Creador está en toda Su Creación. Como el Creador ha creado todo lo que hay, ahí está Él presente, en cada partícula, en cada átomo de Su Creación.El Todo está en Todo y el Todo está en todas las cosas”. Es por eso básicamente, que si vas contra la evolución de las cosas, estás yendo contra tí mismo.
La Vida es una, y late en todos los Reinos del Cosmos: late en el Reino Mineral, el Reino Vegetal, el Reino Animal, los Planetas, los Soles, en el Agua, en el Fuego. Donde quieras poses tu mirada ahí hay Movimiento; el Movimiento es Vida y la Vida evoluciona. La Vida es UNA. El mismo impulso de Vida que sientes en tu pecho, en tu corazón, la misma conciencia que late en ti, está en la piedra, está en el animal, está en las demás personas, está en los árboles. Y la vida evoluciona de formas imperfectas hacia formas perfectas, de lo más denso a lo más sutil, de lo más material a lo más espiritual; por eso, si frenas la evolución de cualquier partícula de vida, estarás frenando la evolución de la misma vida que late en tí.
Ahora bien:
¿Cómo puede ese principio ser llevado a cabo en la vida moderna que llevamos?
Sencilla y llanamente, reflexiona conmigo: Si el Principio dice que “el Ir contra la evolución de las cosas es ir contra ti mismo”, está diciendo, en otras palabras:
Si te empeñas y ayudas a las cosas a evolucionar cada cual según su patrón, estarás evolucionando tú mismo.”
¿No es así?
O sea: Si tú ayudas a otras formas de vida a evolucionar. ¿No estarías acaso ayudando a la misma partícula de vida que late en ti, que es una con las demás, a evolucionar también?
¿Sencillo, verdad?
Muy bien amigo. Vamos a ver cuáles son los obstáculos que podemos encontrarnos en el camino para llevar a cabo ese Principio.
El primero y principal es que vamos, desde el momento de nuestro nacimiento, pensando que somos una entidad separada, que yo soy yo, y Pedro es Pedro y Juan es Juan, que yo no tengo nada que ver con el Sol, con la Luna, con las aguas, con el fuego, con la mata de eucaliptus, con el perro. ¿No es así?
Esa ha sido la educación que hemos recibido. No basta con comprender la idea de que somos uno con todas las cosas, que nuestra vida es la misma vida con los demás. Es preciso, sentirlo. Sentirlo. Es preciso que este sentir entre en cada una de las células que conforman tu mente, tus emociones y tu cuerpo. Es preciso que lo recuerdes paso a paso, a medida que vas avanzando en la vida.
v Este es el primer obstáculo: el creernos una entidad separada, independiente, individual del conjunto, del todo.
v El segundo obstáculo que conseguiremos en el camino, es que no tenemos presente en la mente, en el espíritu, el que
TODO EVOLUCIONA O INVOLUCIONA.
Si tiro una piedra, se alzará en el aire a medida que dure el impulso de la fuerza que la lanzó..Al terminar ese impulso, caerá. Ascender es evolucionar, descender es involucionar. No puede haber nada estático en el Universo, no hay nada inerte, no hay nada parado, paralizado, todo se mueve, todo vibra; o hacia adelante o hacia atrás. O hacia afuera o hacia adentro. Todo evoluciona o involuciona.



Amigo: Vamos a concentrarnos. Vamos a reflexionar. Vamos a meditar:

Una semilla evoluciona en un árbol. Un niño evoluciona en un hombre. Un perrito evoluciona en un perro mayor y así sucesivamente.

Ideas evolucionan, pensamientos evolucionan, sentimientos evolucionan, situaciones evolucionan.

Usted se casa hoy y puede evolucionar o involucionar. Su unión puede ir hacia fases más avanzadas de vida, o puede involucionar y degradarse hasta el infinito.

Usted puede empezar una actividad hoy, un trabajo. Puede empeñarse, esforzarse y seguir la evolución de su trabajo, como muy bien puede involucionar. Dentro de nuestro pequeño mundo, esa es la lucha de todos los días. 

            Estamos compuestos por tres entidades, básicamente: mente, emociones y cuerpo.

Conscientemente, ningún individuo quiere involucionar. Conscientemente, cuando estamos despiertos y nos preguntan, pues todos queremos evolucionar, todos queremos ser mejores personas, mejores trabajadores, mejores profesionales, mejores amigos, mejores padres, mejores hermanos, mejores hijos, tener mayor fortuna, lograr ideas creativas.

            ¿No es así? 

            No obstante, ese deseo de evolucionar está en nuestra mente, y nuestra mente es débil. Por “Ley de dualidad”, se le opone, normalmente nuestro instinto emocional. Nuestro instinto emocional tiene la tendencia de involucionar.  De ir hacia atrás. Verás: 

Ese instinto es perezoso, goloso, justificador, se queda sentado, rehúye el esfuerzo, busca el camino más fácil, tiende a involucionar, y dentro de ti, dentro de mí, dentro de todas las personas, hay esa constante lucha entre nuestra parte que quiere ir adelante y la otra que impulsa para ir atrás. Nuestro cuerpo está en medio de esa batalla, los chispazos que producen las fricciones entre nuestra mente y nuestras emociones, se convierten en debilidad, enfermedades, destruyen nuestros órganos, nos amargan la vida. Nuestro cuerpo soporta esa batalla que sucede dentro de nosotros entre las dos fuerzas. 

            Volviendo a nuestro principio: “El ir contra la evolución de las cosas, es ir contra ti mismo. Eso significa que si tú apoyas la involución de algo externo a tí, le estarás dando fuerza a la parte en tí que involuciona; mientras que si tú ayudas, dentro de tu mundo, a otras formas, seres o personas a evolucionar, estarás apoyando a la parte de tí que quiere evolucionar. 

            ¿Cómo podemos llevar esto a cabo? 

            Las personas que han cruzado por ese sendero hacia la evolución, antes que tú y antes que yo, se han planteado ese gran enigma. Los que cruzaron la barrera y han evolucionado, etapa tras etapa, estación tras estación, nos dejaron los siguientes legados de sus experiencias.

            Antes de seguir me gustaría recomendarte que escucharas la primera parte durante siete días, que meditaras y que reflexionaras. Esa es la primera parte de su legado. Es comprender el principio, comprenderlo a fondo, ver la Luz de ese mismo Principio y porqué es el primero de los doce que dan al hombre la liberación total en su vida y  la máxima evolución a la cual puede llegar.  A menos que sigas ese primer consejo de los que han cruzado por este camino, no valdrá la pena que vayas a hacer lo que sigue.  
Así que sé prudente amigo, sé juicioso. 
Sal de la masa, sé diferente. 
Toma este consejo. 
La única finalidad de él es hacer de ti un hombre libre.





Click para descargar audio con principio completo.

SEGUNDO PRINCIPIO: EL EQUILIBRIO:

Por Eliashar



CUANDO FUERZAS ALGO HACIA UN FIN
PRODUCES LO OPUESTO


            CUANDO FUERZAS ALGO HACIA UN FIN PRODUCES LO OPUESTO.

CUANDO FUERZAS ALGO HACIA UN FIN PRODUCES LO CONTRARIO A ESE FIN.

            Relájate!   Relájate!

            Cierra tus ojos, despeja tu mente, cuenta hasta 4 y escucha atentamente. Escucha con tu corazón, escucha con tu mente, escucha con cada célula de tu cuerpo.

            ¡Escucha!   ¡Escucha!   ¡Escucha!

            “Cuando fuerzas algo hacia un fin produces lo contrario”.

            Forzar... Un fin... Opuesto... Forzar... Finalidad... Opuesto... Cuando fuerzas algo hacia un fin produces lo contrario.

            Repítelo conmigo, lentamente, visualizando una balanza de 2 platillos donde uno lo estás forzando hacia abajo, mientras que el otro se eleva hacia arriba.



            Visualiza la balanza  y repite tras de mí y conmigo.

            “Cuando fuerzo algo hacia un fin produciré lo opuesto. Cuando fuerzo algo hacia un fin produciré lo opuesto”.

            ¡No debo forzar!.  ¡No debo forzar!.  ¡No debo forzar nada hacia un fin!. Cuando fuerzo algo hacia un fin produzco lo opuesto.

            En tu pantalla mental sigue visualizando un círculo con la línea cruzándolo en diámetro. Visualiza el movimiento de la balanza. Lograrás tu fin cuando los dos platillos estén equilibrados.

            Ve los platos en movimiento quítale peso a uno, pónselo en el otro y así sucesivamente hasta que la balanza con sus platillos estén perfectamente equilibrados.

            Un plato de la balanza significa el empeño y el esfuerzo que tú haces para lograr tu propósito, el contenido del otro plato es lo que tú quieres lograr. Lo que tú quieres lograr tiene un precio, un precio justo. Lo que tu quieres lograr tiene un precio justo. Si te empeñas poco, no lo podrás conseguir, estarás pagando menos fuerza, menos precio por lo que vale.

            Así que, si no has puesto el esfuerzo necesario no puedes tomarlo, no puedes forzar y tomarlo. .......        ¡ Estarás violando la Ley del Equilibrio!

            Todo en el Cosmos tiene su justo precio, todo lo que tu deseas requiere una cantidad de empeño y de trabajo.....ni más ni menos que el precio del mismo.

            Esa es la razón por la cual en vez de lograr tu meta has logrado lo contrario, porque has forzado. Has forzado una y otra vez. Has querido tomar aquello sin haber pagado el precio.  “Cuando fuerzas algo hacia un fin produces lo contrario”.

            Escucha esta parte de la grabación durante 49 días. Una vez al amanecer y una vez antes de acostarte, siempre visualizando el círculo partido por el diámetro y los platillos de la balanza moviéndose hasta llegar a un equilibrio.

            Recuerda eso 7 veces al día, 7 veces al día pronuncia en voz alta el siguiente Principio, que rige el logro de toda actividad humana:  

“Cuando fuerzo algo hacia un fin produciré lo opuesto”.
 Todo lo que quiero lograr tiene un precio justo y debo pagar con empeño, trabajo o de cualquier otra manera ni más ni menos”. 

            Ahora bien amigo,.....vamos a dialogar, vamos a conversar.  Seamos sinceros, si tus padres te hubieran enseñado este Principio a la edad de 7, 8, 9, 10, 11,12 años.

            ¿Dónde estarías ahora?  ....Sí, sí, sí, ya sé lamentablemente no nos lo han enseñado. Cuantas veces en el pasado hemos forzado cosas. Hemos querido lograr cosas, hemos forzado y lo único que hemos obtenido es lo contrario.

            Debes tomar consciencia de que en tí, en mí, en todo ser humano nuestra parte consciente, nuestra parte despierta sabe muy bien que debemos pagar por todo aquello que necesitamos lograr.    ¿No es verdad? ...

            Entonces, ¿Quién es el que fuerza?   ¿Quién es?

            Sencillamente una parte de nosotros, un hombre impulsivo que hay dentro de nosotros, un tipo que quiere hacer lo que le da la gana. Un tipo que no sigue ninguna ley. Que sencillamente cuando quiere algo forcejea para alcanzarlo, no le importa si tiene precio o no tiene precio.

            En este momento ese hombre impulsivo está en tí, está en mí, está en todo ser humano y tiene que ser equilibrado por la entidad consciente que hay en nosotros. Nuestra mente cuando está despierta y consciente, repito, sabe que tiene que pagar un precio, pero nuestra parte impulsiva no conoce de ley, no conoce este idioma.

            Volvamos a nuestro platillo y a nuestra balanza.

            Coloquemos en el lado derecho a nuestra parte consciente y por el lado izquierdo de la balanza a nuestra parte impulsiva, emocional, nuestra parte que quiere hacer lo que le da la gana, que no conoce ley.

            Cuando la parte consciente no toma en cuenta a la parte impulsiva sencilla y llanamente no tiene fuerza en el empeño, por ende no puede lograr el objetivo.

            Si la parte impulsiva es la que nos manda, entonces ésta forcejea para el logro del objetivo y lo único que consigue es lo opuesto.

            Entonces me dirás: ¿Cuál es la solución?

            La solución es sencilla, es que nuestra parte consciente y nuestra parte impulsiva se pongan de acuerdo las dos para el logro del objetivo.

            La parte impulsiva es la que tiene la fuerza, la parte consciente, la mente, es la que sabe cómo lograrlo y sabe exactamente cuales el precio y como conseguir el precio para lograr el objetivo.  

lunes, 22 de marzo de 2010

El derecho al delirio

Video realizado por Nerea Ganzarain, con música de "Bosques de mi Mente" y un texto de Eduardo Galeano

sábado, 20 de marzo de 2010

Psicología y religión en la película “Avatar”. “Lo que los ojos no ven”, por Salvador Harguindey





Indudables son los méritos estéticos, los valores éticos de una visión naturista-ecológica y los efectos emocionales y sociológicos que está produciendo el fenómeno cinematográfico “Avatar” a lo largo y ancho de este planeta. Sin embargo, la profunda simbología, el trasfondo psicológico y las connotaciones religioso-espirituales de la película merecen consideración aparte. Por lo tanto, tratemos ahora de ver en Avatar “lo que no se puede ver con los ojos”. En otras palabras, ese “Yo te veo” interiorizado y espiritualizado de la película de James Cameron.


El concepto original de la palabra “Avatar”, proveniente de la literatura mitológica hindú, se refiere a la reencarnación de Dios en una divinidad que posee el poder de la luz, la iluminación espiritual. Así, cada Avatar es una manifestación de la Divinidad, un elegido, una reencarnación y descenso de una deidad sobre la tierra. En esta película, uno que sobre la tierra de los místicos bosques del planeta Pandora corre descalzo hacia lo desconocido. La palabra o concepto de “Avatar” también se utiliza para referirse a encarnaciones de Dios en maestros muy influyentes de otras religiones aparte del hinduismo, como cuando se trata de explicar personajes como Cristo.

“Avatar” representa principalmente un “viaje iniciático”, es decir, la historia de una experiencia profunda en la que un individuo se encuentra en situaciones hostiles que harán que su personalidad cambie después de que toma conciencia de sí mismo, de la realidad externa o de poseer una importante misión en la vida. A lo largo de dicho viaje su carácter y espíritu se van modificando logrando una mejora en su persona después de lograr superar una serie de situaciones casi imposibles de superar humanamente. Este tipo de experiencias, físicas pero sobre todo psíquicas y anímicas, una vez superadas, harán que el personaje logre concluir su misión a la vez que completa un proceso de transformación de su conciencia. El término hace asimismo referencia a aquel viaje que conduce al individuo a la iniciación espiritual, lo que hace que estos viajes siempre tengan un horizonte, una meta, estando sus etapas bien delimitadas a través de diversos ritos de pasaje de creciente dificultad. Una tercera acepción de este concepto lo define como un viaje de conocimiento, en el que una persona desconoce, ya sea bien algún lugar hasta entonces inexplorado a una más amplia perspectiva o significado de la vida, y a través de un viaje iniciático lo descubre. Es un viaje sólo para héroes, sean reales o ficticios.

La crisis de la transformación de la conciencia del soldado Jake Sully en “Avatar”, evolucionando desde la de un marine parapléjico hasta convertirse en el Avatar de una nueva era para el pueblo Na’vi, constituye el proceso seguido por todo viaje iniciático. Sin embargo, este sistemáticamente conlleva y exige una necesaria y dolorosa caída en una profunda crisis, hasta cierto punto chamánica, con sus conocidos estadios de ruptura, caída, separación, soledad, lucha, regreso, superación y ascenso hasta llegar al éxtasis, triunfo y trascendencia final. Lo que a pesar de todo en ocasiones acaba en la muerte del héroe o personaje en cuestión. Casi lo primero que hay que hacer es acopio de valor para adentrarse, físicamente y sobre todo a nivel de la conciencia en la peligrosa selva de lo desconocido. Por eso una de las primeras cosas que la princesa Neytiri le dice al clon avatar de Jake es:“Tú no tienes miedo. Sígueme.” Palabras con las que da a entender que Jake ha superado esa segunda prueba, la superación del miedo, y está en condiciones de proseguir adentrándose en la jungla de su propio viaje iniciático, que es, físicamente, lo que hace: jugarse la vida siguiendo a Neytiri y sus peligrosas correrías en la selva y precipicios que la rodean.

Dicho proceso iniciático recuerda la estructura de otros grandes episodios épicos de la literatura universal que siguen esa misma dinámica psicológica, tales como el Ulises de Homero, el Paraíso Perdido de Milton, el Fausto de Goethe, el Hamlet de Shakespeare, la Divina Comedia de Dante, etc. Y como sabemos que “ninguna crisis se supera al mismo nivel que se originó”, según dijo Einstein, una vez que el clon Jake es expulsado del pueblo Na’vi, ello le obligará a presentarse de nuevo ante él y ante su amada Neytiri desde una posición espiritual más elevada que la anterior que le permita recuperar la antigua credibilidad ahora perdida. Para ello ha de domeñar al “Gran Dragón escarlata”, otro sinónimo bíblico del Diablo, del que, por si fuera poco, se nos dice que representa “la última sombra”. Después de someterlo/la, Jake retorna, sin sombra alguna ya, como espíritu iluminado y alma pura, ante el clan de los Omitacaya, que inmediatamente le reconocen y veneran como su Avatar y redentor.

Mientras, la confrontación, lucha y guerra en “Avatar” surge inevitablemente del cortacircuito que estalla entre dos estadios de la conciencia cuya interacción ha teñido de sangre la faz de la tierra al menos desde hace veinte siglos. El primero es el estadio III, o llamado del “ego”, con sus valores autoritarios y patriarcales: ego-céntricos, egó-latras, ego-ístas, megalómanos y narcisistas. Este estadio es el que conforma el nivel evolutivo de la conciencia de las violentas religiones dualistas y oficiales de Occidente que han originad tanta crueldad humana (cristianismo /catolicismo medieval, judaísmo e Islam), siendo el nivel de conciencia, individual y global, que caracteriza a la inmensa mayoría de una civilización (?) cada vez más incivilizada. Desde una perspectiva religiosa, este nivel de la conciencia humana, “meme”, estadio III, o personal, egoico, dualista y convencional, exige la existencia de un concepto de Dios asimismo personal y antropomórfico, un ente separado y trascendente que premia a los buenos y castiga a los malos, poseedor además de una voluntad paralela a la de los hombres. Concepto éste que el mismo Einstein denostó como infantil, incomprensible e inaceptable, y cuya creación en la mente humana a consecuencia del miedo probablemente, al menos si analizamos las consecuencias, ha constituido el mayor dislate de toda la historia de la humanidad, originando y siendo la causa primordial de la mayoría, si no todas, sus guerras a lo largo y ancho de la historia de este sangriento planeta.

En “Avatar” este estadio de conciencia lo representan, en terminología Na’vi, unos invasores llamados “demonios venidos del cielo”, que ahora campan y acampan a sus anchas en una base militar norteamericana situada en un satélite del planeta Polifemo llamado Pandora. La razón: un material precioso (valorado en 20 millones de dólares el kilo, casi nada), conocido como el“unobtanium” (del inglés “unobtainable”, o sea, algo difícil o imposible de conseguir), cual paralelismo del tristemente famoso “coltán”. De este tesoro escondido debajo del Árbol Madre, hogar del clan Omitacaya de la raza Na’vi, se ha dicho que representa una clara referencia a la ambición norteamericana por el petróleo ajeno que motivó la guerra de Irak. Para apropiarse del precioso mineral, el rudo e insensible jefe se seguridad de la base, el coronel Quaritch, cual nuevo bárbaro y primitivo salvaje siempre dispuesto y deseoso de poder llevar a cabo las actuaciones más crueles y violentas posibles, justifica una guerra que sucede cuando alguien tiene algo que tú quieres y se niega a dártelo y que “al terror se le responde con el terror”. Como evidente alter-ego o reencarnación psicológica del infame teócrata George Bush, el personaje de Quaritch nos recuerda demasiado, lamentablemente, a su patético antecesor en la vida real.

Muy al contrario, la civilización de humanoides Na’vi del planeta Pandora, nos confunde, afortunadamente, ya que siéndonos inicialmente presentados como una tribu de salvajes primitivos e indiferenciados, nos muestran por el contrario una actitud vital y religiosa mucho más espiritual, ecológica, elevada, compasiva e integrada en la vida y en la naturaleza (estadio IV, adualista, transpersonal, supraegoico y postconvencional), propia de una conciencia individual y global más evolucionada y ascendida, a la vez que portadora de claras reminiscencias jainistas, pero sobre todo budistas, donde incluso a los animales se le otorga un espíritu cuando, refiriéndose a un animal cazado y muerto por necesidad, el clon Na’vi de Jake dice: “Ahora su espíritu está con Aiwa. Su cuerpo formará parte del pueblo”. Para añadir Neytiri:“Una muerte limpia. Ahora estás preparado”. Palabras con las que da a entender que Jake ha superado la prueba de pureza y está en condiciones de acceder al inicio de un viaje iniciático.

A este estadio superior de la religiosidad se le conoce como “panenteísmo místico”, término que expresa que “toda la Naturaleza está viva e integrada en Dios, o en la Diosa”, sin dualismo alguno ni separación en el tiempo ni en el espacio. Hay que aclarar que “pan-en-teísmo” (significa: toda la naturaleza-en-Dios) es un concepto muy diferente de un “pan-teísmo” ateo puro y duro, que defiende que “la totalidad de la naturaleza es Dios”. El Dios del panenteísmo es el creador y la energía vital del universo, así como la fuente de la ley natural. La religiosidad Na’vi se mueve a ese nivel, lo que Goethe denominó “La Religión de la Naturaleza”, siguiendo a su vez la terminología del filósofo Espinoza para definir el estado más elevado posible de sentimiento religioso. Un estadio que se halla un escalón, ¡y vaya escalón!, por encima del de toda religión monoteísta y oficial de cualquier Iglesia ortodoxa, todas presas y estancadas hasta el día de hoy en el dualismo más feroz (ver: Goethe, en: “Conversaciones con Eckermann”, 11 de marzo de 1832). Incluso Einstein dijo que esta integración entre cuerpo-mente-espíritu constituye la única religión posible, el estadio más elevado y evolucionado del espíritu, así como la única esperanza racional a tanto desvarío evolutivo. Más recientemente, un concepto paralelo denominado “espiritualidad integral” ha sido acuñado por el filósofo norteamericano Ken Wilber, quien a su vez coincide en que si hay una razón para la existencia de la religión, o de las religiones, es la de ayudar a los seres humanos a evolucionar a través de sus conciencias en orden a conseguir ascender en espíritu a los niveles más elevados posibles hasta llegar a la unidad indivisible con una Divinidad inmanente-trascendente (como enseñan las cosmovisiones espirituales más pacíficas y pacificadoras de las religiones no-dualistas, tales como el Hinduismo, Budismo, Taoísmo, Advaita Vedanta, aparte de Plotino, Espinoza, Schopenhauer, Panikkar, San Juan de la Cruz, e incluso ese “Dios y yo somos uno” de Jesús de Nazaret, etc.). Y es que “nuestro enemigo es el dualismo”, ha aseverado certeramente Raimon Panikkar.

Ciertos conceptos de la Psicología Transpersonal ayudan a una interpretación simbólica más profunda desde la escena inicial entre el clon de Jake y el caballo pandoriano, que al principio derriba a su montura, o mejor sería decir, a su “montura y a su ego”, tal como a un nuevo Pablo de Tarso camino de Damasco. Algo similar sucede en la doma de ese gran pajarraco que lo elegirá a él para que sólo Jake pueda montarlo el resto de su vida. Pero Neytiri le avisa que antes de permitir montarle y domarlo “tratará de matarte”. ¿Y que es eso que llevamos encima los seres humanos durante toda la vida y que intenta matarnos, esa fiera que debemos primero domar y luego superar y trascender? …El maldito ego. Una vez superada esa nueva prueba iniciática y rito de paso, la unión final de caballo y hombre, en cuerpo y mente, conformará el “Centauro”, o lo que es lo mismo dos seres en uno ya para siempre, sin separación alguna ni restos de dualismo. Precisamente, dicho nivel de la conciencia no-dual, o adual, ha sido denominado “centáurico” por Ken Wilber, ya que existe “más allá del ego” propio, y definido por el mismo Wilber como “el gran nivel de la integración de la mente, el cuerpo y las emociones en una unidad del más elevado orden, una ‘totalidad profunda’”. Es ese momento crucial de salto psíquico y superación de la crisis personal/transpersonal lo que lleva a Pablo de Tarso, ahora más comprensiblemente, a decir: “Ya no soy yo sino Cristo que vive en mí”. Paralelamente, Jake Sully ya no es el Jake anterior sino que desde ese momento ha comenzado la transferencia de su ser y personalidad al Avatar Na’vi que vive en él y en el que él vive, y al que por su pureza “eligen” los espíritus más puros del Árbol sagrado en forma de blancas, semitransparentes e innocuas medusillas volantes.

El gran problema en muchos seres humanos surge cuando para ascender del violento y competitivo estadio dominante de la egocéntrica conciencia III al más benévolo, integral, compasivo y post-convencional estadio IV, se nos exige atravesar una gran crisis personal, tanto a nivel físico como de conciencia, incluso experimentar una “muerte psicológica” como gran exigencia y crucial rito de paso. En este sentido, la psicología moderna nos ha enseñado que antes de renacer es necesario morir; pero de forma similar también sabemos, gracias a la psicología y filosofía iniciática, así como propuesta simbólica, mística y parabólica del Nuevo Testamento, que “el que quiera salvar la vida la perderá y el que la pierda la ganará”. Esa es la demanda, insoslayable, pero ahora también más comprensible, de la ceremonia de paso y gran prueba crítica, tal como le ocurre al héroe Jake Sully en la película. Todo ello refleja lo que es conocido como “la crisis del ego narcisista”, en la terminología de la Psicología Transpersonal.

Al ascenso hacia el despertar de una nueva conciencia, al que Jake Sully se refiere literalmente al principio de la película con un subliminal “en algún momento hay que despertar”, el malvado jefe de seguridad de la estación espacial “Puerta del Infierno” lo llama “traición a tu raza”. Desde ahora la inevitable guerra entre dos estadios de conciencia evolutivamente diferentes, y por ello psicológicamente confrontados, está servida. A partir de ese instante no hay vuelta atrás, se ha llegado a un punto de no-retorno. Desde ese momento, para volar en las naves espaciales sólo podremos utilizar VFR, por “visual flying rules”, o reglas de vuelo visual, o como nos lo traduce informalmente la piloto Trudi Chacón, vete por donde veas. El brusco cambio evolutivo que sufre desde ese momento la perspectiva vital de la conciencia del parapléjico Jake - junto con los bemoles que ha de tener todo aspirante a héroe para ascender de un estadio al otro -, hace que el soldado Sully nos imbuya, mientras se va imbuyendo a sí mismo sin darse cuenta, de algunos de los conceptos claves del Budismo, tales como la reencarnación, cuando dice: “Una vida acaba y otra comienza”, o, en el momento que su mente y espíritu van a trasferirse a los de su clon: “Será como volver a nacer”. Esto coincide a la perfección con la aseveración de Wilber para definir el concepto de “héroe”, de “sanador herido”, como “aquel que intenta saltar al próximo estadio de la conciencia”. Y es que todo viaje iniciático, por muy héroe que uno sea o se crea, es un ascenso muy difícil, peligroso y solitario hacia su cumbre. Por fin, en la escena final de “Avatar” se llega a una transmigración completa del espíritu o alma de Jake al de su Avatar. Jake, el ser humano, muere, dando su vida cual salvador de “la humanoidad Na’vi”, pero resucita, a modo del símbolo de la resurrección de Cristo o de una reencarnación búdica al lograr trasmigrar totalmente - ahora ya no depende de la máquina transportadora de su mente humana a la del Avatar Na’vi -, reviviendo autónomamente en su cuerpo clonado al abrir los ojos en el instante final, mientras su cuerpo humano yace inerte a su lado, muerto.

Desafortunadamente, la botánica Grace Augustine, interpretada por Sigourney Weaver, no consigue sobrevivir a sus heridas, pero su alma es integrada en el Árbol de los Antepasados-Árbol de las Almas, que está en íntimo contacto con la Diosa Madre Aiwa, y a través del que se manifiesta la trascendencia del espíritu. Y es que la sabiduría divina verdadera (mágica) siempre se nos ha mostrado escondida en un espléndido Árbol con un gran contenido simbólico colocado por la Divinidad en cualquier maravilloso Paraíso. En Pandora es el Árbol de las Almas de la Diosa matriarcal y en el mito de Edén es el Árbol de Dios Padre patriarcal (un Dios personal que los hombres interpretarán y al que darán vida como “un alguien” cada vez más sojuzgador, autoritario y hasta vengativo). Finalmente, al menos desde el punto de vista estético, los polvorientos escombros de la destrucción del matriarcal Árbol Madre en “Avatar” a algunos espectadores les han recordado a los del World Trade Center durante aquel maldito 11 de Septiembre de aquellas fálicas Torres Gemelas, hasta entonces símbolos del imperialismo, la fuerza, el poder y el dinero patriarcal. ¿Casualidad o guiño intencionado? Habrá que preguntárselo al director de la película.

Posteriormente, Jake se vinculará al Árbol sagrado para tratar de trasmitir sus oraciones y rogar por la protección del pueblo Na’vi a través de la intersección del alma o espíritu trascendido de la fallecida Grace con la deidad de la Madre Naturaleza Eywa. Jake pide ayuda al mimso tiempo que se reconoce como “el elegido de la Divinidad”. La conexión no es una falacia o invención, ni un primitivo vudú, se nos dice en el film mientras segumos luchando con las incómodas gafas de 3D. “¡Funciona!”. ¡Y vaya que si funciona!, añaden/añadimos algunos gnósticos. Un hecho que se demuestra o comprueba en el film cuando la princesa Neytiri grita exaltada y exultantemente a Jake: ¡Eywa te ha oído”!”, al tiempo que todos los animales salvajes de Pandora se ponen de parte del pueblo en su batalla de Harmagedón contra “los demonios venidos del cielo”. Ahí, en las triunfantes y flotantes “Montañas Aleluya”, en cuyos parajes y cumbres tendrá lugar “la salvación” en una apocalíptica y milagrosa victoria final contra el Mal. Eywa, la deidad de la que Neytiri nos había dicho que “no toma partido, sino que sólo mantiene el equilibrio de la Naturaleza” (una Naturaleza deificada a lo Rousseau, aunque mejor a lo Goethe o a lo Lao Tse, por aquello de no caer en la famosa “Falacia Pre-Trans”), por fin se ha puesto del lado del Bien. El cuento de Hadas en el que el príncipe azul vence al Dragón y lo mata para liberar a la princesa de sus garras y luego casarse con ella, está llegando al final. Y colorín, colorado…

Aparte de la influencia que sobre el director de “Avatar” parece que hayan podido tener la sabiduría de los escritos antropológicos de un Mircea Eliade, en una reciente entrevista Cameron ha manifestado: “He procurado seguir la Biblia al pie de la letra”. ¡Evidentemente es así! Sólo hay que darse cuenta, ¡qué casualidad!, que en su revolucionaria, o mejor dicho, “evolucionaria” película, la estación espacial de los militares americanos se llame “La puerta del Infierno” (“Hell´s Gate”). ¿Y qué es lo único que se supone que puede salir de la puerta del infierno? Pues el Diablo, claro; en este caso con la forma de una aterradora nave nodriza comandada por el coronel Quaritch, junto con sus naves escoltas de ángeles caídos, una lanzadera curiosamente llamada “Dragón”. Otra “casualidad” ésta, si se tiene en cuenta que “dragón” es la palabra repetidamente empleada en la Biblia para definir al Diablo (“Fue arrojado el dragón grande, la antigua serpiente, llamada Diablo y Satanás, y fue precipitado a la tierra y sus ángeles fueron con él precipitados” (Apocalipsis 12:9). La Biblia también denomina al Diablo: “el Dragón escarlata venido del cielo” (Apocalipsis 12:3). Coinciden hasta los colores con el Gran Dragón que doma el clon Jake para dejar atrás y debajo suyo, o sea, superada, “la última sombra” que pudiera oscurecer su espíritu. La metáfora es que al montarlo y domeñarlo, Jake ha vencido, aunque todavía sólo interior y espiritualmente, al Diablo, al Maligno. Ahora es el Avatar elegido por la Providencia, y así se lo reconoce el clan Na´vi al retornar Jake con ellos.

Por fin el Bien ha vencido al Mal, al menos en el ficticio planeta Pandora. Pero por algo se empieza, no desesperemos. En un momento del film el Na’vi Jake había dicho a la diosa Ewya: “Yo soy el elegido”, otra conocida denominación de Cristo como elegido de Dios (o hijo simbólico). Así se constituirá, merced a la actividad mística de la Ley Natural (llámese el wu-wei taoísta o el èlan vitalde Henri Bergson) en el redentor y salvador de la “humanoidad” Na’vi.

Es de esperar que el Avatar Jake y la conciencia Na’vi también contribuyan a corto-medio plazo a que esa humanidad en la que el hombre moderno del Mundo Feliz de Huxley ha perdido el alma, la compasión, la unidad, el respeto por el planeta, y en su ansia fáustica por dominar la siempre invencible naturaleza aun al precio de destruirla y destruirse a sí mismo, casi ha acabado con toda la vida en general, humana, animal y vegetal. “En la tierra han acabado con todo lo verde”, dirige un último mensaje “Avatar” a lo que queda de esa civilización occidental que se ha transformado en poco más que una “incivilización accidental”. “La humanidad tendrá lo que la humanidad merezca”, comenta al respecto el eco de las palabras de Albert Einstein desde el más allá, aunque él no creyera en eso, al menos en el plano personal. Al final, a los vencidos, humillados e inhumanos seres humanos de Pandora se les obliga a retornar, merecidamente vencidos a “su planeta moribundo”. Y es que ha sido la humanidad “civilizada”, en Oriente y Occidente, la que hace tiempo que ha abierto la mítica Caja de Pandora liberando todos los males y desgracias humanas: la avaricia, el crecimiento insostenible, el egoísmo y materialismo desenfrenados, la explotación, la pobreza, la polución, la vejez, la enfermedad, la fatiga, la locura, el vicio, la pasión, las tragedias ecológicas, la crueldad con los animales, la violencia política e interétnica, el crimen, etc. Todo, menos la esperanza. Aunque, tal vez, todavía no esté todo perdido. Tal vez aún tengamos una segunda oportunidad. Tal vez encontremos algún resquicio para salir de este creciente infierno. Tal vez...


Salvador Harguindey es Director del Instituto de Biología Clínica. Oncología Médica y Endocrinología. Miembro, Sociedades Norteamericana y Española de Psicología Transpersonal.

Enlace a su blog personal, donde está publicada una versión en inglés de este artículo